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El rostro de la filantropía: ¿tiene género?

Recientemente tomé un vuelo luego de un año y medio sin cruzar mares. El Coronavirus nos provocó una especie de estado de coma mundial. Así que estar en un avión era algo inusual. Me compré una recién edición de la revista Time. Actualmente leo en papel y en digital. Deseaba asegurar que estaría ocupada y así manejar mi ansiedad. Esperé que el avión despegara, se estabilizara la altura y que mi estado físico se calmara. Abrí la revista y encontré un artículo sobre la filántropa MacKenzie Scott. Me llamó la atención e inmediatamente comencé a leer.


Pintura de Mariely Rivera llamada Egos para Domar
Egos para Domar por Mariely Rivera

He tenido un constante debate interno sobre si la filantropía tiene género. Scott estaba casada en segundas nupcias y tomando decisiones más individualmente sobre una fortuna que logró como cofundadora de la multimillonaria empresa Amazon. Recordé como la prensa en general abordó esa noticia de su casamiento. Había sido reseñada como una historia de intrigas sobre su vida personal y lo que leí me resultó salpicado de burla al relatarse en los tabloides que la ex esposa de Jeff Bezos se había casado. La prensa atendió en segundo plano el detalle de que era la socia estratégica de Bezos en Amazon.


Así que presté más atención al artículo que leía y me hizo pensar que Scott reconocía su posición de privilegio siendo receptora de una fortuna que le permite desembolsar cuantiosas sumas de dinero a través de actos filantrópicos. Un asunto que facilita despuntar en los aspectos de inversión social a escala mayor. Sin embargo, me pregunté ¿qué impacto tienen sus acciones entre las mujeres y la acción filantrópica? Históricamente la literatura revela muchas acciones, concepciones y contextos desde epicentros en Estados Unidos, América, Latina, Europa y Oriente que confirman la autonomía de las mujeres para liderar el acto de dar generosamente.


Como he dedicado casi la totalidad de los 22 años de mi vida profesional a liderar organizaciones sin fines de lucro recordaba mis lecturas acerca del caso de América Latina puesto que el Banco Interamericano de Desarrollo publicó en el 2010 un estudio sobre las principales tendencias de la filantropía en América Latina evidenciando el incremento filantrópico contra años anteriores desde los diversos sectores que la ejercen, por ejemplo: agencias de desarrollo, organizaciones de la sociedad civil, fundaciones y empresas. Mientras todas las personas durante el vuelo dormían saqué mi computadora para repasar algunos artículos arbitrados que conservo. Confirmé que en los cuatro sectores antes mencionados se plantea el rol estratégico y destacado de las mujeres movilizando los recursos financieros. Los esfuerzos son movilizados desde Europa y Estados Unidos hacia América Latina y consecuentemente el rol de las mujeres es clave sea donando directamente o influenciado a que los donantes de estos sectores donen hacia las causas que ellas apoyan.


Subsiguientemente me moví curiosa a otro artículo y descubrí que en el 2018 Paypal, publicó un estudio de impacto global acerca del ejercicio de donar y según sus datos recopilados confirmó que las mujeres son más generosas emitiendo donativos. Encontré una cita reveladora que puntualizaba que “la investigación muestra que las mujeres donan con mayor frecuencia que los hombres (3.18 veces al año para las mujeres, frente a 2.84 veces al año para los hombres) y las mujeres de 50 años o más, donan con mayor frecuencia que cualquier otra persona (3.58 veces al año)”.


Entonces me interrumpió una azafata para ofrecerme un refresco el cual acepté y mientras saboreaba un agua con soda reflexionaba sobre el análisis que hacía sobre la figura de MacKenzie Scott y las razones que ella ha ofrecido para donar grandes cantidades de dinero a entidades que no estaban acostumbradas a ser recipientes de un donativo tan cuantioso. Esa decisión es muy interesante porque me deja saber que es una mujer que maneja el riesgo y, eso nada más la convierte en un referente en la filantropía. La filantropía tradicional se circunscribe a limitar el riesgo partiendo de pensamientos filosóficos enchapados a la antigua. Así que el solo hecho de que Scott fuese arriesgada la cualifica para ser parte de esa aldea global de mujeres que asumen el liderato de donar y movilizarse para erradicar las inequidades y las experiencias traumáticas como consecuencia de: la pobreza, las guerras, las condiciones crónicas de salud, los desastres naturales, geomorfológicos y pandémicos, entre otros. Cuando llegué a ese punto de inflexión del pensamiento recordé que estábamos en una pandemia. Con discreción me toqué la mascarilla que llevaba puesta e inmediatamente pensé que mucha de la actividad económica se vio interrumpida por el distanciamiento social y con ello todos los eventos de recaudación de fondos sacrificados.


Deduje que era real que la filantropía era femenina. Ahora bien, hay tres asuntos que demarcan el alcance filantrópico entre las mujeres: el acceso financiero, los contactos que se logran y el poder de convocatoria, pero no suponen automáticamente la erradicación del discrimen y las injusticias. Miré a mi alrededor con disimulo, observando que éramos más las mujeres que acompañaban niños y ancianos. Me dije: “hay una necesidad imperante de trabajar con los estereotipos, el racismo y la proliferación de la desigualdad social dentro del sector femenino a favor de las oportunidades para todas las personas, pero priorizando en las mujeres”. En efecto, las mujeres tienen la oportunidad de liderar una agenda aspiracional bajo un enfoque más amplio e integral que salvaguarde los derechos humanos y las causas sociales.


Luego de tres horas y media de vuelo el avión comenzaba a aterrizar así que cerré la computadora y guardé la revista. Al salir del avión una mujer piloto me daba las gracias por haber seleccionado la línea aérea. La miré sonriente y visualicé que el altruismo sistémico es posible para encausar una filantropía de todos los géneros como legado para las generaciones presentes y futuras. Me gustaría compartir un café con más mujeres para afinar este desafío y ponerlo en acción. En efecto, pienso que la filantropía tiene un rostro femenino.


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